
arcilla salvaje
Desde siempre el manto arcilloso de la tierra nos ha dado un cuerpo para contener, unir y sostener. Por medio de la cerámica, pudimos contener y contenernos. Con la estructura y plasticidad de la arcilla construimos refugios para habitar, vacíos para llenar, hornos para calentar, contenedores para almacenar y ollas para cocinar. Encontramos en el oficio de la arcilla, no sólo un medio para resolver necesidades espirituales o utilitarias, sino también un medio de expresión.
Al encontrar, recolectar y procesar arcillas salvajes de distintas partes de Colombia, podemos reconocer un territorio, palparlo, observarlo e interactuar con los seres que lo habitan. La riqueza de estos lugares yace en la diversidad de sus suelos. Cada pieza construida con estas arcillas es un pedazo del mundo, un pedacito de territorio único e irrepetible. Ellas llevan consigo una historia, un contexto, las tradiciones, y la interconexión que existe entre todas las partes que componen el territorio del cual hacen parte.
Pellizcamos el mundo, y el mundo nos ofrece un cuerpo a cambio.
Encuentros en distintos territorios de Colombia, en compañía de la arcilla y sus gentes.

_HEIC.png)



