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Bogotá

Cundinamarca

Bogotá, la capital de Colombia, se encuentra a 2600 metros sobre el nivel del mar, y está ubicada dentro de la Cordillera Oriental de los Andes, por lo que está rodeada de varios picos montañosos y colinas. Esta vasta ciudad alberga a más de 9 millones de personas que viven, trabajan y coexisten allí. Nací y crecí en Bogotá, y siempre he recorrido y querido estas montañas.

 

En el 2022, ocurrió un deslizamiento de una veta de arcilla y un amigo cercano me llamó intrigado para decirme que tenía que pasar a ver, pues al parecer había un montón de rocas de arcilla regadas en el parque frente a su casa. Sin dudarlo, tomé prestado el carro de mi padre y me dirigí a ver qué había sucedido. Cuando llegué, efectivamente encontré que todo el lugar estaba cubierto por enormes rocas blancas, con manchas lilas, moradas y rosadas. Me dispuse entonces a recoger algunos de esos bloques y los empecé a cargar en el carro. Emocionada por el hallazgo, y confiando en que era un muy buen material para trabajar, cargué lo que más pude y me dirigí al taller a moler y procesar algunas de esas rocas.

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Generalmente cuando encuentro la arcilla seca, la muelo en trozos pequeños, la cierno y más adelante la humedezco. Después la dejo reposar y realizo varias pruebas a distintas temperaturas y tamaños para entender qué tipo de material es. Las manchas lilas y rosadas de las rocas que recogí se fusionaron con el blanco, y cuando quemé las muestras, su color intenso desapareció, pero mantuvo una tonalidad lila muy suave. Después de asegurarme que era un material apto para modelar y transformar en el fuego, la empecé a procesar por partes en distintos momentos y para distintos propósitos. Con ella, he podido construir vasijas, cofres, cuencos y alguno que otro objeto especial que evoca su lugar de origen. La riqueza de los minerales que contiene, sobre todo cuando no los muelo tan pequeñitos, le aporta una textura hermosa que evidencia los trazos de la montaña de donde vino.

Hoy, casi tres años después, sigo procesando algunos de esos bloques que encontré ese día. La abundancia del regalo que me dio la montaña un día, me sigue acompañando en el taller. Poder trabajar con el material que sostiene y contiene mi historia y mi hogar, ha sido profundo y significativo.

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